29 enero 2009

Ejercicio y embarazo

El ejercicio físico es fundamental para prepararse para los cambios propios del embarazo, controlar el aumento de peso, la diabetes gestacional, la hipertensión, mejorar el trabajo del parto, evitar complicaciones y prevenir la incontinencia urinaria.

Además ayuda a la mujer embarazada a sentirse mejor física y emocionalmente, también alivia el estrés.

En enero de 2002 la Asociación Americana de Ginecólogos y Tocólogos, tras años de investigación, ha derribado el tópico de que una mujer embarazada no debía hacer deporte, y las anima a mantenerse activas y en buen estado físico durante el embarazo y el período posterior al parto.

La mujer que practica deporte habitualmente tiene un embarazo, parto y recuperación posterior más corto.

Cuando la mujer nunca ha hecho deporte, será positivo que comience a hacerlo pues ayudará mejorar sus hábitos de vida, pero lo aconsejable es que espere al segundo trimestre de embarazo para empezar con el ejercicio físico. Y siempre utilizando mucho sentido común en el ejercicio.

Siempre debe preguntar al profesional sanitario de referencia sobre qué tipo de ejercicios físicos le van bien a su nuevo estado.

¿Qué actividades puede practicar la embarazada?

Si no existen contraindicaciones médicas por enfermedad (riesgo de parto prematuro, cardiopatía…) el ejercicio físico puede ayudar a la mujer a sentirse mejor y, las calorías que se queman pueden ayudar a prevenir el aumento de peso excesivo…

Las actividades que no tienen contraindicaciones habitualmente y que se pueden practicar con seguridad:

Caminar, correr suavemente, nadar, bailar, practicar bicicleta estática, yoga o tablas especialmente diseñadas que incluyan actividades para los músculos de la pelvis y la preparación al parto.

Actividades a evitar:

Actividades o deportes que impliquen saltos, contacto, choques...

Los deportes con alto riesgo de caída (montar a caballo, esquiar…).

La sauna o los cambios bruscos de temperatura. (Riesgo de deshidratación e hipertermia).

Los deportes que aumentan la presión abdominal (salto, baloncesto, voleibol...), o exigen un excesivo trabajo de la musculatura abdominal.

El ejercicio aeróbico intenso, por encima del 80% del ritmo cardíaco, pues pone en peligro al bebé y a la embarazada, hay un secuestro de sangre que no llega al bebé.

Después del tercer mes, evite aquellos ejercicios en donde tenga que acostarse boca arriba porque puede reducir el flujo de la sangre al útero y poner en peligro al bebé.